LA NECESIDAD DE SER FELIZ … La columna de Maria Cristina Alfred …

Con el Gentil auspicio de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Tarapaca

Efectivamente, hablar de felicidad para las personas, las empresas y el Estado esta generando más preocupaciones de las que pensaríamos hace 15 años atrás. A principios de cada año en el mes de marzo se publica el Índice de la Felicidad mundial en el que participan 156 países y del que se pueden concluir varios aspectos, como los siguientes…

El dinero no hace la felicidad, efectivamente este año los países considerados potencia económica no logran posicionarse en un lugar cercano a los 30 primeros del mundo en materia de felicidad. Así es, los países en la medida que incrementan sus recursos económicos muchas veces dejan de lado las preocupaciones que la historia nos dice son las problemáticas que más y más daño e impacto están generando en la sociedad actual; por consecuencia los gobiernos tienen grandes desafíos para lograr solucionarlos.

Chile por ejemplo, logra el tercer lugar de América Latina en el Índice de la Felicidad, pero al desglosar la información observamos que en el aspecto de la corrupción estamos en el lugar 99 de 156 lo anterior se entiende por los diferentes escenarios que en los últimos años el país se ha visto involucrado por diferentes actores sociales; pero cuando se evalúa el ámbito del optimismo en Chile se logra ubicar en el lugar 15 de 156, es decir en diferentes situaciones reaccionamos más optimistas de lo que pensaríamos siempre y cuando estas dependen de cada individuo. En la dimensión de apoyo social Chile se ubica en el lugar 58 de 156 es decir, existe una población que percibe descontento de parte del Estado en respuesta a sus necesidades, por ejemplo, equidad, salud y educación. Trabajar por lo tanto sobre políticas de inclusión laboral, equidad, justicia social y medio ambiente aparecen como la alternativa para que una sociedad se sienta más feliz. El dinero entonces no compra la felicidad, sino que más bien nos aleja, ello considerando que el índice de la felicidad evalúa e incorpora aspectos cualitativos como la generosidad, el sentido de comunidad y los ingresos que hablan por sí solo.

Por otro lado, se observa que muchos países se encuentran realizando esfuerzos importantes con el objetivo de mejorar el grado de bienestar, y ello es posible de conocer gracias al Consejo Global para la Felicidad y Bienestar – Coalición Global para la Felicidad y Bienestar el que reúne las mejores prácticas en el ámbito de la felicidad del Gobierno, el Estado, los colegios, estructura urbana de los países, sistema de salud, entre otras.

Lo anterior es perfectamente lógico si se agrega el estudio publicado el pasado mes de agosto por la empresa francesa Ipsos donde no hace más que validar que … “cada día somos menos felices”. Según las cifras el 68% de la población mundial adulta se considera feliz ello comparado con cifras anteriores que manifiestan una disminución mundial desde el año 2017. En lo correspondiente a Chile este disminuye en la misma proporción que Argentina. Pero lo interesante del estudio es la identificación de las fuentes que inciden en la felicidad de la sociedad, entre ellas se encuentran: salud y bienestar, la relación con los hijos, la relación con la pareja, la sensación que la vida tiene sentido y la seguridad. Por otro lado, para los chilenos la felicidad esta relacionada complementariamente con la condición de vida, situación muy diferente para los japoneses, franceses, italianos y chinos que pasa por tener más dinero.

Finalmente, el planteamiento de felicidad en la sociedad no debería delegarse o concentrarse únicamente en las personas sino que el Estado y las empresas juegan un papel protagónico, entendiendo que deben realizar esfuerzos para lograr una sociedad mucho más armoniosa y consciente de lo verdaderamente relevante en la vida como es por ejemplo el desarrollo de practicas laborales que permitan un adecuado balance laboral entre la vida familiar y laboral, promover la vida saludable en los trabajadores o promover relaciones justas entre las organizaciones ello sobre la base de política que permitan un vida mucho más equilibrada y con sentido. Pero por otro lado, una sociedad comprometida con el desarrollo del Estado como las empresas.

FUENTE: Maria Cristina Alfred /Jefa de Carrera INGECO – UTA

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